La cultura en ciberseguridad en la sociedad

La cultura en ciberseguridad aún brilla por su ausencia en la sociedad

El mes pasado, se produjo uno de los mayores ataques a la infraestructura estadounidense en su historia, comprometiendo a dos de las empresas de telecomunicaciones más grande del país, AT&T y Verizon. CISA, FBI y la National Security Agency (NSA), a raíz de ello, publicaron una guía conjunta con recomendaciones destinadas a ayudar a proteger a los ciudadanos estadounidenses.

Una de las recomendaciones más interesantes del informe es el uso de cifrado de extremo a extremo, un método sencillo de utilizar que hace que las comunicaciones digitales sean mucho más seguras: sólo los destinatarios previstos puedan leer sus mensajes mientras se desplazan entre su terminal y el terminal del remitente.

Pero esa recomendación, sin embargo, suena enormemente confusa para muchos usuarios que no tienen ni la más ligera idea de qué plataformas de mensajería permiten utilizar este tipo de cifrado ni de cómo utilizarlo.

¿A qué se debe un nivel de desconocimiento tan elevado en una tecnología tan extendida y que llevamos ya muchos años utilizando? Simplemente, a que no hemos sido capaces, ni como sociedad ni a otros niveles, de desarrollar una cultura de la ciberseguridad.

Esta ‘incultura’ en ciberseguridad está detrás del elevadísimo volumen de robos de información, estafas, chantajes, timos y problemas que sufren personas y organizaciones de forma cada vez más habitual.

La infravaloración de medidas de seguridad que nos ofrecen ciertas aplicaciones

Signal y WhatsApp (que utiliza el protocolo de cifrado desarrollado por la primera) se consideran las aplicaciones de mensajería más seguras porque incorporan cifrado de extremo a extremo.

Signal es una de las favoritas en cuestión de privacidad, pero tiene la desventaja de que no está tan extendida como WhatsApp y si tus contactos no están en ella, no puedes comunicarte. Las aplicaciones de Meta se consideran en general desastrosas en sus prácticas de privacidad.

En cualquier caso, poco puede hacerse en un entorno en el que la gran mayoría de los usuarios prestan una atención escasísima a sus prácticas de ciberseguridad: utilizan contraseñas demasiado sencillas, reutilizan la misma contraseña entre varios servicios, o se conectan a redes WiFi públicas sin la menor precaución. El uso de sistemas de doble factor de autenticación, es también muy bajo.

Lo mínimo que podemos hacer si utilizamos internet de manera habitual es formarnos mínimamente en las prácticas de ciberseguridad necesarias para evitarnos problemas. Pero a día de hoy, ni los padres con sus hijos ni los centros educativos parecen estar fomentando la cultura de ciberseguridad tan necesaria en la sociedad.

Fuente: bit.ly/4eMVRZC

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